Finanzas y Ciberseguridad
Mientras los ciberdelincuentes operan con la agilidad de una startup tecnológica utilizando Inteligencia Artificial, muchas instituciones financieras en México siguen atadas a manuales de otra era. Un reciente análisis sugiere que el alarmante aumento del fraude bancario en el país no se debe únicamente a la sofisticación de los criminales, sino a una cultura institucional excesivamente conservadora que trata el fraude como un gasto operativo presupuestable en lugar de una prioridad de liderazgo.
Las cifras son contundentes y revelan una grieta en el sistema. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), durante el primer semestre de 2025, los usuarios presentaron más de 2.48 millones de reclamaciones por posibles fraudes, lo que representa un aumento del 5.2% frente al año anterior.
El costo de la inacción El impacto económico es masivo: el monto total reclamado superó los diez mil millones de pesos. Sin embargo, la respuesta de las instituciones ha sido insuficiente, devolviendo apenas una cuarta parte de esos recursos, lo que ha ampliado la brecha entre las pérdidas de los usuarios y las compensaciones efectivas. Particularmente alarmante es el robo de identidad, que se consolidó como una de las modalidades más críticas con reclamaciones por 634 millones de pesos, registrando un crecimiento anual del 24.6%.
La cultura bancaria es la enfermedad Según el análisis El fraude es solo un síntoma, la cultura bancaria es la enfermedad, publicado por la compañía global de tecnología EPAM Systems Inc., el problema es estructural. Muchas entidades abordan el fraude desde una lógica de «cumplimiento normativo», diseñando estrategias solo para satisfacer a los reguladores o alcanzar la paridad con la industria, una mentalidad obsoleta frente a amenazas como los pagos en tiempo real y las identidades sintéticas.
El reporte destaca que la prevención del fraude suele estar fragmentada entre áreas legales, de riesgo y operaciones. Esta desconexión provoca que los equipos carezcan de autonomía y presupuesto, resultando en modelos de seguridad que tardan meses en actualizarse.
Falsos positivos y pérdida de confianza Esta rigidez no solo facilita el trabajo de los criminales, sino que afecta al cliente legítimo. Los sistemas basados en reglas anticuadas generan altos niveles de falsos positivos y rechazos innecesarios, elevando los costos operativos y dañando la confianza del usuario.
Para revertir esta tendencia, los expertos sugieren pasar de estructuras orientadas a la auditoría hacia modelos de gestión basados en inteligencia en tiempo real y análisis de comportamiento. La inacción, advierten, no solo costará dinero, sino la reputación de las instituciones.
