Más de 7 mil personas caminaron al amanecer hasta la Basílica de Guadalupe; el llamado: dignidad e inclusión para las personas con discapacidad.
El amanecer del 23 de agosto de 2025 en la Ciudad de México no fue uno cualquiera. A las seis en punto, la glorieta de Peralvillo se convirtió en punto de partida de una marea humana que avanzó en silencio y esperanza hacia la Basílica de Guadalupe. A la cabeza, la figura inconfundible del Dr. Simi, Víctor González Torres, acompañado de su hijo Víctor González Herrera y flanqueado por símbolos de fe: una réplica exacta de la Virgen de Guadalupe y la reliquia del brazo de San Judas Tadeo.
Esa procesión, que reunió a más de 7 mil personas, fue el corazón visible del movimiento “Un México con Amor y Paz”, una iniciativa que busca más que oraciones: exige leyes, conciencia y acciones concretas para dar inclusión laboral y social a millones de mexicanos con discapacidad.
La caminata concluyó a las 7:30 frente al altar mariano. Allí, artistas, comunicadores y figuras públicas —de Jorge Ortiz de Pinedo a Eduardo España, de la productora Carla Estrada a los humoristas Huarachín y Huarachón— se sumaron como testigos de un acto que cruzó la frontera entre espectáculo y compromiso social. En paralelo, en 30 ciudades del país se replicaron movimientos similares, como un eco de fe y protesta que buscaba hacer visible lo invisible.
La misa solemne, oficiada por el canónigo Gerardo Pérez Gómez, dio voz a quienes han sido ignorados. Pero el momento crucial llegó cuando el propio Dr. Simi presentó dos iniciativas legislativas. La primera: permitir que las empresas deduzcan el doble del sueldo pagado a personas con discapacidad, eliminando además el pago de Seguro Social e Infonavit para estas mismas personas. Una reforma que, de aprobarse, daría a miles la posibilidad de un ingreso digno y menos carga para el Estado.
La segunda iniciativa apunta al corazón de la filantropía: elevar de 7 % a 25 % el porcentaje de utilidades que las empresas pueden destinar como donativos a fundaciones que trabajan con personas con discapacidad, enfermos de cáncer, sida, alcohólicos o niños en situación de calle. El control quedaría en manos del SAT, que tendría la obligación de auditar el manejo de esos recursos para evitar abusos.
Como si fuera poco, González anunció el nacimiento de la Asociación Nacional para Ayudar a las Personas con Discapacidad (AyuPADI), con la misión de ofrecer respaldo jurídico y voz a quienes más han sido marginados.
El acto no fue político ni partidista —según sus organizadores—, pero sí profundamente social. Concluyó con un mensaje claro: México necesita unidad, empatía y un nuevo pacto de dignidad. Entre la fe en la Virgen, la fuerza de un santo y la iconografía del Dr. Simi, se encendió una narrativa que mezcla religiosidad, activismo y cultura popular.
Convertir un peluche danzante en símbolo de esperanza nacional podría parecer improbable. Pero en un país donde la frontera entre mito y realidad siempre ha sido frágil, quizá sea el gesto más mexicano posible.
